Los olvidados

Dan | 25 de enero de 2012

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La Sociedad se alimenta a menudo de ‘freaks‘ que como en el clásico film de Tod Browning no van por ahí carentes de almas, pese a ser llevados a la boca, masticados, deglutidos, regurgitados y definitivamente olvidados en el armario de los desechos de la memoria de quienes vivimos ufanos en la creencia de que ya no habitamos una cultura que se alimenta, irónicamente sin embargo, más que nunca, de monstruos de circo.

Francisco Morera García y Manuel Reyes Millán, han fallecido hace nada, el mismo día, menos de 48 horas atrás. Por sus nombres de pila sólo los reconocerán sus familiares y sus lápidas. Más reconocibles fueron para todos como Paco España y ‘El Pozí’. Al segundo, incluso, ninguna agencia de noticias se ha podido resistir a intercambiarle su segundo apellido por el nombre de feria que lo popularizó.

En la memoria colectiva, el segundo de ellos está más presente. Como uno de los invitados habituales del late show televisivo Crónicas Marcianas, una vez que este pasó de ser uno de los programas de formato más rompedor en la reciente historia de la televisión, a cajón desastre del despropósito más decadente y el mal gusto, triste escuela posterior de hijos bastardos televisivos que siguen infectando el plasma hasta la fecha.

Su cuerpo contrahecho, su boca desdentada, sus monólogos absurdos y la coletilla con que acabó siendo popularmente rabautizado, ‘pozí’, hicieron de su persona un bufón ideal que le supuso sin embargo lo que antes nunca tuvo, una fortuna, desgraciadamente dilapidada después por tipejos carentes de escrúpulos. Aquel que le llevó de Barbate al Cielo, Javier Cárdenas, fue, casualmente, al conocer que el anciano vivía su ‘jubilación’ en un estado deplorable en una casa destartalada, el que acabó haciéndose cargos de los gastos del centro donde Manuel Reyes acaba de fallecer.

Francisco Morera García, Paco España, fue el más grande en un arte que vivió su plenitud en los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, el ‘Transformismo’. Reinó como ningún otro no solo en las entonces llamadas ‘salas de fiesta’ sino en los teatros que le recibieron a foro completo en Barcelona primero y luego en Madrid, desde que decidiese abandonar Las Palmas, porque se le hacía ‘chica’.

Su imitación más popular, la de Lola Flores, le hizo popular hasta lo inimaginable ahora. Llegaba a cobrar entonces por show, hasta medio millón de las antiguas rubias. La legendaria folclórica lo admiraba y la hija mayor de la misma, Lolita, ha sufrido no poco el fallecimiento, a sus 67 años, del que fuera considerado un genuino artista, como arte es el transformismo en que triunfó con atrevimiento y descaro sobre los escenarios.

Tras la llegada de la modernidad, entró en decadencia y volvió a su barrio de La Isleta, en la capital grancanaria. La fortuna quedó atrás, las adicciones acabaron ganando la batalla de quién pasó de ser mito a objeto de burla por una sociedad presumiblemente avanzada. Abandonado por sus hijos que, pese a ser abiertamente gay, tuvo con su esposa, se resignó a un retiro obligado a la zona más tradicional de las putas de su barrio, en la calle Andamana.

Francisco y Manuel, a su pesar, quedaron enterrados en el armario de la injusticia tras ganarse sus mejores días mientras sufrían, porque a ninguno de los dos le resultó fácil, sus desgracias. Ayer, al ojear los blogs gay me entristeció ver que la noticia del fallecimiento en el mismo día, de ambos, faltaba. A riesgo de resultar ligeramente grotesco, fúnebre o quizás incluso un poco ligeramente desubicado, no quería ahondar en el desamparo de las idas hacia adelante de estos dos iconos olvidados.

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